El periodista Victor Gutierrez, se ha ganado la fama de polémico y poco creible. Vive de eso, claro está y sigue manteniendo tribuna. Hoy como la farándula es un mercado incipiente y las masas consumen kilos y kilos de papel rosa con historias de amor y desamor, el publicar un libro que cuente los detalles sabrosos de los famosos, no puede ser menos que un gol, sobretodo en tiempos eleccionarios donde cualquier cosa nos distraiga de los discursos aburridos y repetitivos que conocemos todas. Esta vez fue el turno de la vedette Marlen Olivarí. Un sueño erótico de muchas lesbianas que quisieran ver en ella a esa mujer que se asume sin culpa, una revancha de la Mistral que por más alabada que sea, nunca se asumió aunque todo el mundo lo sabía.
A Continuación...
Y en este caso, el caso Olivari no parece ser la excepción. Es la misma tónica que utilizan la mayoría de las lesbianas públicas: taparse hasta donde se pueda, dejar que el mundo fantasee y sobretodo, sacar dividendos millonarios de esas confesiones a medias. Porque ahora no es lesbiana, sino que bisexual, o una “hetero curiosa” como dice su amiga que a estas alturas se olvida quién es. La aludida no está, anda de viaje y crece la temperatura y las ansias por saber, si ahora que la aludida está acarrolada, por fin dará una conferencia de prensa masiva y con los ojos brillantes de gusto, lo diga. “Sí, lo soy”. El titular soñado de la primera revista para lesbianas, pero que lógicamente no será puesto en él. No, esa confesión será vendida por un alto precio, millones y millones para salir en revistas como la Caras, la Cosas, la Paula…aunque la verdad, nunca ha salido en la portada de la Caras. ¿La encontrarán rasca? Todavía es muy pronto para dislucidar cuáles serán las acciones de la vedette. Más aún cuando tendrán a medio Chile y a la mayoría de las lesbianas, con un ojo abierto y otro cerrado. ¡Que lo diga, que lo diga!. Por mientras, fantaseemos y veamos en qué nos podría beneficiar, o en qué no. Hay que recordar la fallida confesión de una modelo donde se dio el caso parecido: una ex despechada la acusada de bisexual. ¡Oh, pero no es lesbiana! como si tildarse de bisexual (con muchos respeto por nuestras compañeras bisexuales), o hetero curiosa la salvara de cualquier signo, cualquier marca, cualquier destierro del paraíso heterosexual, dejar la puerta abierta para que sigan entrando millones a costa de la fantasía masculina. Porque eso sí lo vendieron muy bien quienes la representan: sueño del mecánico, del obrero, del hombre machista y golpeador. La identidad de quien es o no, en realidad no debería importar, no se debería sacar del clóset a nadie sin su consentimiento. Es verdad, eso lo compartimos con Castell. Pero ante la inexistencia de espejos lésbicos, ese deambular de cada lesbiana por el mundo sin mirarse en tal o cual, buenas deberían ser las tortas públicas. Aunque sigue siendo una decisión personal y privada. Eso no lo discutimos. De nuevo preguntamos entonces: ¿realmente nos importa? ¿realmente le creemos? ¿realmente nos puede adormecer? ¿realmente sentimos emoción por saber que la Olivarí es lesbiana o bisexual? buena reflexión para estas calurosas tardes de verano.